1 de des. 2018

Los ojos vendados

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Los ojos vendados
Ya tenemos las entradas para el concierto de Loquillo en el Palau Sant Jordi. 40 años de Loquillo, de rock, de banda sonora vital, de Barcelona.

Hemos estado a punto de no ir. Últimamente Loquillo con sus declaraciones, o con lo que la prensa pone en su boca, parece que se ejercite para expulsar a sus fans de toda la vida.

Pero siempre hay ese punto de interrogación. O sea, que no puedo ir a un concierto de quien ha compuesto y cantado la banda sonora de mi vida porque es un bocazas?

Porque lo es, bocazas. Y entonces ves que lo que la prensa ha recogido de sus declaraciones no es lo que el ha dicho. No es lo mismo ese "no me importa lo que diga un rapero" con su tupé de rockero, que todos lo podemos entender, ese escupitajo despectivo a los raperos, que convertir sus palabras en un ataque a un rapero en concreto. No, no es lo mismo. Insensible? Sin duda. Bocazas? Fijo.

Pero ese es Loquillo. Para lo bueno y para lo malo. Cuando comento a mi hermano que ya tengo la entrada me dice "lamentable". Ese Loquillo bocazas es lo que ha conseguido con sus declaraciones absurdas o no absurdas pero absolutamente colisionantes con mucho de su público. Vale, bocazas. Vale, no mola lo que propaganda. Vale, se hace fotos con Albert Rivera. Sí, todo eso a muchos de sus fans de toda la vida nos duele, nos funde, nos aleja del personaje.

Entonces recuerdo "Los ojos vendados". Ese Loquillo, primera mitad de los 90, que se ha ido a vivir al País Vasco. Ese Loquillo que cuando subíamos en esa peregrinación anual a Euskal Herria, por las semanas grandes o por el aberri eguna o por sidrerías, nuestros colegas borrokas nos definían ante nuestra estupefacción como un tío enrollado y comprometido, que incluso había tocado para Gestoras.

Los ojos vendados. Eduardo Tébar, en un artículo del 2015 hablaba así de este tema:

"Una de las canciones más crudas y polémicas de Loquillo, ya instalado en el País Vasco. La España del GAL. Cuenta la historia, basada en hechos reales, de una detención ilegal. Una denuncia explícita de las torturas en las comisarías españolas y de la impunidad de los agentes condenados. El vídeo, dirigido por Aitor Zabaleta y avalado por Amnistía Internacional, fue censurado en todos los medios de comunicación. Al Loco también lo vetaron en las radiofórmulas y “Mientras respiremos” desapareció de la circulación a las puertas del disco de platino. Años después, Loquillo confesó: “Llegué a acojonarme”.

Los ojos vendados es tal vez la única canción con contenido político, totalmente explícito, de Loquillo. Ha cantado canciones republicanas de la guerra civil, de Maria del Mar Bonet, incluso de Lluís Llach. Pero canciones propias, suyas, los ojos vendados es la única que conozco con ese contenido político.

Vale, bocazas, pero ninguna de sus canciones no me ofende, no va de nada que me violente. Ninguna. Y la única que tiene así de alto voltaje político, es comprometida y la subscribo, es de las que consideramos "nuestras".

Por qué no voy a ir, pues, a su concierto de 40 años de rock en lo que es la ciudad, Barcelona, de la que más temas y canciones nadie nunca ha llevado en su repertorio? 
Como no ir al concierto de ese artista que descubrí adolescente, en el barrio de San Ildefonso, porque el hermano mayor de mi mejor amigo tenía un k7 de sus primeras canciones y nos hablaba de él como un tío muy auténtico. Y desde entonces toda su música acompañando y llenando mi vida, mi Barcelona, mis calles, mi actitud, las chicas, las hostias, el rock. Todo. Nada en mi vida se escapa de la música y las letras que ha cantado Loquillo. No hay ningún espacio en mi vida que no llene la banda sonora de Loquillo.

Iba en su coche por el camino viejo
eran tres, le detuvieron, le taparon los ojos,
le apuntaron a la cara, no pudo adivinar donde le llevaban,
tan solo recuerda… que le golpeaban…

Esa luz, esa luz cegadora,
sus ojos vendados durante horas,
le soltaron el rollo, su boca sangraba,
no pudo adivinar de que le acusaban,
tan solo recuerda… que le golpeaban…

Eran tres, el recuerda sus caras
por la mañana, al acostarse,
al despertar de madrugada
el reo inocente, perdió toda esperanza.

A la espera de juicio, con abogado de oficio
sin poder decir adiós… en una cárcel lejana…
sin poder besar los labios de la chica que amaba. (x3)


Los que conocimos esa España de los GAL y de las detenciones y torturas a independentistas catalanes en el 92 sabemos hasta que punto Los ojos vendados refleja esa España. En el directo "en una cárcel lejana" tomaba toda su dimensión: "en Herrera de la Mancha". Entre el independentismo de esos años no es que hubiera vasquismo, que un poco sí, es que sobre todo había respuesta a la acción criminal del estado español contra el independentismo vasco. Como la hubo contra los independentistas catalanes del 92.

Los ojos vendados, sí, el único tema de contenido político de toda la enorme discografía de Loquillo.

Entonces, porque no ir al Sant Jordi? Yo quiero otra vez los 8 minutos de Cádillac Solitario entrando por mis venas, quiero el Rompeolas en ese 124 de mi padre que le cogía para recorrerlo con las amigas, esa Barcelona Ciudad, la Barcelona salvaje que vivimos y conocimos, esa Memoria de jóvenes airados. Quiero recordar cuando fuimos los mejores, cruzando el paraiso, para los que siempre hemos sentido como un himno propio lo de ser Feo Fuerte y Formal.

Yo también soy un bocazas. Pero por encima de todo, si te doy mi palabra nunca se romperá. Eso deviene declaración de principios a ritmo de rock. De rock de mi ciudad. De rock de Barcelona. Y ahí estaré. Como ese día que tocaba una banda de mis amigos, de rock en catalán, los Soviets, en la sala Savannah, del Clot, que era de Loquillo, y el estaba ahí, en la barra, escuchándolos, y estuvimos un muy buen rato hablando de rock, de Barcelona, de actitud...

Cuando suba con la Harley por Montjuic camino del Sant Jordi cantaré para mi "eran tres, eran tres, el recuerda sus caras". Recordaré aquel acojonante concierto en el Sot del Migdia para una Festa del Treball del PSUC. Y ya bajando, por la curva del Miramar, cantaré, desde la otra montaña de Barcelona, mirando al Tibidabo, eso de "a mis pies mi ciudad"